Una historia
La Choza nació en 2011, como un pequeño espacio cultural dentro de una casa.
Todo comenzó en una habitación
Todo comenzó en una habitación, donde armamos una sala de teatro para ensayar con nuestro grupo y realizar nuestras primeras funciones.
Al mismo tiempo, empezamos a organizar una varieté mensual. Una noche al mes, artistas, amigos y espectadores se encontraban para compartir teatro, humor, música, magia, acrobacias y muchas sorpresas.
De alguna manera, esa varieté empezó a marcar nuestro camino.
El patio que se transformó
Para hacerla posible, habíamos instalado en el patio de la casa una estructura para acrobacia aérea.
Y entonces pasó algo que no habíamos imaginado: una amiga quiso comenzar a dar talleres de acrobacia en tela.
El patio, que hasta ese momento era simplemente parte de la casa, empezó a transformarse en un lugar de entrenamiento, aprendizaje y encuentro.
Con el deseo de crecer, fuimos techándolo como pudimos. Sin grandes recursos, pero con mucha imaginación, trabajo y ganas.
Y así, poco a poco, La Choza empezó a crecer.
Cada actividad traía nuevas personas.
Cada persona traía nuevas ideas.
Y cada idea abría una nueva puerta.
Y La Choza
empezó a crecer.
Clases de trapecio
Actividades circenses
Seminarios, funciones, peñas y música
Siempre quisimos
que fuera algo más.
Con nuestras ganas de crear y viajar, también comenzamos a producir espectáculos de circo y teatro para realizar giras y funciones en otros espacios.
Así fue creciendo La Choza: paso a paso, de manera colectiva y casi artesanal.
Nunca tuvimos la intención de convertirnos simplemente en un lugar donde se dan clases o se realizan espectáculos.
Siempre quisimos que fuera algo más.
Un espacio donde los artistas pudieran encontrarse. Donde alguien pudiera acercarse por primera vez a una disciplina y descubrir que le apasionaba.
Donde un grupo pudiera ensayar, un artista pudiera presentar su trabajo y un espectador pudiera vivir una experiencia diferente.
Un lugar para aprender, enseñar, entrenar, crear, compartir y, sobre todo, encontrarnos.
La Choza creció porque se llenó de personas.
Porque cuando miramos hacia atrás, entendemos que La Choza no creció solamente porque construimos, pintamos, techamos o sumamos espacios.
La Choza creció porque se llenó de personas.
Una historia que todavía se sigue escribiendo.
Hoy seguimos teniendo las mismas ganas de aquel comienzo. Las ganas de crear. Las ganas de compartir. Las ganas de abrir las puertas. Las ganas de que algo nuevo suceda.
Porque todavía creemos que el arte necesita espacios donde pueda encontrarse con las personas.